Lo que pensaba eran sueños, resultan ser atroces pesadillas, que se enrocan en pasados sin dejar presente alguno en mí, por más que los días, tórridos y carentes de mejora, siguen martillando al son de maquinaria pesada: rítmica, constante, previsible.
No falta quien emprende la ingenua tarea de librarme de esos fantasmas que me rondan en guardia perpetua y continua. No falta quien hace el juramento, quien comienza la batalla, mata entre la hierba y muere sobre tierra. No falta el grito alentador, ni la mano que me agarra al borde del abismo.
Pero la derrota está servida de antemano, y en la calma que sucede a la batalla, esa derrota es más amarga que el dolor. Porque apenas todo ha terminado, una nueva y falsa musa ya reemplaza a la anterior, dispuesta a emprender la tarea en la que librarme de esos fantasmas que me rondan, en esa guardia perpetua y continua: jura y mata, pero también muere.
Este ciclo no conoce fin, y se repite sin cesar a casi un año del inicio de esta guerra.
Mientras no retorne la musa genuina viviré de esta agonía.
Mientras no retornes y amaines la tormenta, no verá fin esta contienda.
Mientras no retornes, eso que pensaba que eran sueños, seguirán siendo siempre atroces pesadillas.
Jose Lun.
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30 jul 2013
14 dic 2010
Este sentimiento
Este sentimiento no conoce expectativas, porque no se sustenta de aliento y abrazo, porque no sobrevive a golpe de labio y bocado.
Este sentimiento no sostiene un corazón, y no se muestra vulnerable ante el preludio de una larga tormenta, de la humedad en su interior y el frío de la madrugada en sus cimientos.
Este, no se doblega ante el temor, ni se piensa torpe en sus acciones, envueltas en actos instintivos y primarios que lo llevan a ser el principal cautivo de si mismo.
Y no encuentra condición ni rendición en ningún lugar de su razón, que habilita un nuevo templo a los momentos esos cuya fugacidad es efímera y apenas vive.
Este, no recuerda la conquista de la cima ni el descenso agotador, siempre olvidado tras los pasos del gigante del dolor y su eterna huella de amarga intensidad.
Este sentimiento no atiende a otras voces, porque no es posible en otro cuerpo, no se detiene ante tus miedos ni se esfuma en los momentos de dolor y aciago.
Este sentimiento no es reversible, porque la función ya ha comenzado, porque el cúlmen se avecina para vernos resurgir y mirarnos cada instante en nuestro beso dilatado.
Este sentimiento no sostiene un corazón, y no se muestra vulnerable ante el preludio de una larga tormenta, de la humedad en su interior y el frío de la madrugada en sus cimientos.
Este, no se doblega ante el temor, ni se piensa torpe en sus acciones, envueltas en actos instintivos y primarios que lo llevan a ser el principal cautivo de si mismo.
Y no encuentra condición ni rendición en ningún lugar de su razón, que habilita un nuevo templo a los momentos esos cuya fugacidad es efímera y apenas vive.
Este, no recuerda la conquista de la cima ni el descenso agotador, siempre olvidado tras los pasos del gigante del dolor y su eterna huella de amarga intensidad.
Este sentimiento no atiende a otras voces, porque no es posible en otro cuerpo, no se detiene ante tus miedos ni se esfuma en los momentos de dolor y aciago.
Este sentimiento no es reversible, porque la función ya ha comenzado, porque el cúlmen se avecina para vernos resurgir y mirarnos cada instante en nuestro beso dilatado.
7 dic 2010
Decisión
Se acabó el seguir muriendo.
Se acabó el graznar del cuervo al despertar.
Se acabó el paso de días sin paso.
Que comiencen ellos a iluminar por dentro.
Que los calendarios sean sustento y certidumbre.
Que la vida se encargue de seguir viviendo.
Se acabó el seguir muriendo.
Se acabó el temblar del cuerpo al respirar.
Se acabó el semblante marmóreo.
Que me acusen de imsomnio y latido en alarido.
Que la hoja perenne perezca antes de mí.
Que las retinas consuman lento el celuloide.
Se acabó el seguir muriendo.
Se acabo el tirar más tiempo al recordar.
Se acabó la vida sin vida de esta vida.
Se acabó el graznar del cuervo al despertar.
Se acabó el paso de días sin paso.
Que comiencen ellos a iluminar por dentro.
Que los calendarios sean sustento y certidumbre.
Que la vida se encargue de seguir viviendo.
Se acabó el seguir muriendo.
Se acabó el temblar del cuerpo al respirar.
Se acabó el semblante marmóreo.
Que me acusen de imsomnio y latido en alarido.
Que la hoja perenne perezca antes de mí.
Que las retinas consuman lento el celuloide.
Se acabó el seguir muriendo.
Se acabo el tirar más tiempo al recordar.
Se acabó la vida sin vida de esta vida.
7 ago 2010
Mientras vivo
Apareces frágil, transparente, siempre a la deriva en mis pensamientos.
Surges como antes.
Y eres el impulso.
Y eres en realidad la sangre que fluye en mí, sin impurezas.
Sólo tú eres quien devora mi obscuridad, y quien me aleja del borde del abismo.
Y eres sólo tú.
Porque he perdido la cuenta de mis resurrecciones, tú, transformas esta negrura en abrazo infinito.
Porque te debo cada despertar, tú, arrancas mis tragedias a la profundidad.
Abastece de miradas a estos ojos que te observan, mientras distingan tu grandeza en el beso colosal.
Aprieta fuerte este corazón afilado contra la cuerda, hasta que sea definitivo y libre dentro de tu cuerpo.
Y no puedo si no eres.
Y tus manos definen mis formas en cada amanecer.
Echo de menos el tiento en los labios, rojo y ferviente, devoto y pagano, vibrante y lascivo.
Vibrante y lascivo.
Porque consumo este cáliz de tu centro, tú, me mantienes a salvo en este acto teatral inacabado.
Porque por ti soy y sigo siendo a cada instante, tú, no me faltes nunca mientras oigas el latido.
Surges como antes.
Y eres el impulso.
Y eres en realidad la sangre que fluye en mí, sin impurezas.
Sólo tú eres quien devora mi obscuridad, y quien me aleja del borde del abismo.
Y eres sólo tú.
Porque he perdido la cuenta de mis resurrecciones, tú, transformas esta negrura en abrazo infinito.
Porque te debo cada despertar, tú, arrancas mis tragedias a la profundidad.
Abastece de miradas a estos ojos que te observan, mientras distingan tu grandeza en el beso colosal.
Aprieta fuerte este corazón afilado contra la cuerda, hasta que sea definitivo y libre dentro de tu cuerpo.
Y no puedo si no eres.
Y tus manos definen mis formas en cada amanecer.
Echo de menos el tiento en los labios, rojo y ferviente, devoto y pagano, vibrante y lascivo.
Vibrante y lascivo.
Porque consumo este cáliz de tu centro, tú, me mantienes a salvo en este acto teatral inacabado.
Porque por ti soy y sigo siendo a cada instante, tú, no me faltes nunca mientras oigas el latido.
18 jun 2010
Tu aplauso
Malas noticias: mis manos se contraen sobre si mismas y existen vacías de necesidad.
¡Emergencia!: la luz de mis ojos sedimenta la radiación de tu hemorragia verbal.
¡Emergencia!: la luz de mis ojos sedimenta la radiación de tu hemorragia verbal.
Las curvas adolecen y se abren paso a través de los surcos de la piel castigada, porque no presté atención cuando hablabas, y ahora, desde el fondo del espíritu radiante, pienso seriamente en cambiar de opinión.
Pero no puedo sustentar todo esto, todo lo que me das, en dosis crecientes de imaginación y falsedad, porque ya no es placebo, ni causa aprensión alguna en mis nervios.
Y son ellos los que coartan mi libertad, y me relegan al último inmerecido puesto, aún cuando mi aleta dorsal sobresale por encima de las demás y gana potencial a cada instante.
Como Lázaro me levante y caminé con el agua al cuello, pero con el voraz instinto de supervivencia más primario y cruel. Por eso mismo pude recomponer parte de mí, pero sin embargo, el precio era el vaciar de la memoria, que por momentos se extendía a quemarropa y ardía en increpante tono perturbador, como echando la monserga del progenitor. No aprendemos.
Malas noticias: mi pulso se debate entre el oleaje de la sangre, en tormenta continua y progresiva.
¡Emergencia!: las fuerzas me fallan y caigo de rodillas sobre el mármol de tu indolencia indiferente.
Ahora sé que todo cuanto sentías no era más que el atrezzo de esta obra teatral. Aquel vestido de soledad no era más que una excusa para infringir todo el daño, y concentrarlo en un pequeño punto de presión colosal. Y con resistencia espartana abría tus ojos cada mañana para comprobar si habitaba alguien en ellos. Por supuesto, nunca nadie contestó.
La perplejidad vespertina nubló mi juicio, y una vez más me abandoné a la sobriedad de la ausencia y el eco en las paredes, siempre azules. Por eso todas las conchas que encontraste en la orilla estaban quebradas. Por eso todas las palabras que te dediqué se encuentran dispersas en mil prefacios inconclusos. Por eso el romanticismo enfrentado, jamás capitulará.
Malas noticias: la temperatura de mi cuerpo desciende sin tu aplauso y vibración
¡Emergencia!: a estas alturas ya he entendido que este ozono me envenena.
Pero no puedo sustentar todo esto, todo lo que me das, en dosis crecientes de imaginación y falsedad, porque ya no es placebo, ni causa aprensión alguna en mis nervios.
Y son ellos los que coartan mi libertad, y me relegan al último inmerecido puesto, aún cuando mi aleta dorsal sobresale por encima de las demás y gana potencial a cada instante.
Después, sumido en un sueño intermitente puedo ver como se derrumba el castillo de naipes una vez más, y tendido en el suelo me encuentro recordando que todo esto ya había pasado antes, pero esta vez, no era un simulacro.
Como Lázaro me levante y caminé con el agua al cuello, pero con el voraz instinto de supervivencia más primario y cruel. Por eso mismo pude recomponer parte de mí, pero sin embargo, el precio era el vaciar de la memoria, que por momentos se extendía a quemarropa y ardía en increpante tono perturbador, como echando la monserga del progenitor. No aprendemos.
Malas noticias: mi pulso se debate entre el oleaje de la sangre, en tormenta continua y progresiva.
¡Emergencia!: las fuerzas me fallan y caigo de rodillas sobre el mármol de tu indolencia indiferente.
Ahora sé que todo cuanto sentías no era más que el atrezzo de esta obra teatral. Aquel vestido de soledad no era más que una excusa para infringir todo el daño, y concentrarlo en un pequeño punto de presión colosal. Y con resistencia espartana abría tus ojos cada mañana para comprobar si habitaba alguien en ellos. Por supuesto, nunca nadie contestó.
La perplejidad vespertina nubló mi juicio, y una vez más me abandoné a la sobriedad de la ausencia y el eco en las paredes, siempre azules. Por eso todas las conchas que encontraste en la orilla estaban quebradas. Por eso todas las palabras que te dediqué se encuentran dispersas en mil prefacios inconclusos. Por eso el romanticismo enfrentado, jamás capitulará.
Malas noticias: la temperatura de mi cuerpo desciende sin tu aplauso y vibración
¡Emergencia!: a estas alturas ya he entendido que este ozono me envenena.
6 feb 2010
prisión
Al fin y al cabo, después de todo este tiempo en el que mi pretensión no ha sido otra que la de librarte de esas alambradas espinadas que te impedían ser tú, me estoy empezando a hacer adicto a tus belicismos, yo, que siempre fui hombre de paz.
Estoy apocado a ser tu bufón en los momentos de obscuridad, a ser tu cascabel en los silencios, que junto a ti, jamás fueron incómodos, o perturbadores, o indiferentes, porque fue en ellos donde te anclé a vínculo indisoluble, yo, que siempre fui hombre solitario.
No intenté más que ahorrarte momentos de caída abismal en esos días nublados que no nos dejaban en paz, que no daban tregua a nuestro amor potencial en los mismos lugares donde imaginábamos ser mucho más, nosotros que siempre fuimos tan insolentes.
Cesó entonces toda actividad en los abrazos perpetuos a través de los que nos absolvíamos de nuestras equivocaciones y dejábamos fluir nuestra devoción por lo pornográfico, y comenzábamos a ser lujuria, nosotros que siempre fuimos pura hormona.
Jose Lun
7 dic 2009
Quimera
Aprender los pilares del pensamiento inductivo, y sobrevivir a su entendimiento.
Embestir los ataques lascivos a conciencia y subir tu temperatura a cada instante.
Prender las antorchas a tu paso por la alfombra fucsia y a la par de mi temblor.
Derrotar tus pretensiones absolutistas y doblegarte arrodillada frente al sustento.
Follar tu semblante del que observo la fruición de una diosa sometida y satisfecha.
Destruir tu salvoconducto mientras aúllas en el clímax y padeces la catarsis.
Comerte y joderte de las luces a las sombras sin espera, pausa o tregua.
Rematarte a bocajarro sin excusas ni perdones y yacer siempre a tu lado hasta una nueva contienda.
30 nov 2009
Tu nombre
Si tu nombre es azul cielo, ¿cómo te vence lo oscuro?
Si tu nombre es claridad, ¿cómo lloras a la lluvia?
Si tu nombre es libertad, ¿cómo vas siempre encerrada?
Y si naces en diciembre, es porque has de calentar.
Si naces en la tempestad, es por calmar el oleaje.
Si naces en la escarcha, es para fundirla en nueva hierba.
Si naces en la noche, es porque has de iluminar.
Y si sientes soledad, es por no querer bailar.
Si el vacío te rodea, es tan solo tu ficción.
Si estás flaca en el torrente, grítale y acállalo.
Si no hallas el camino, quizá ya estés sobre él.
Si tu nombre es azul cielo ¿cómo puedes no volar?
Si tu nombre es claridad ¿cómo cubres tu mirada?
Si tu nombre es libertad ¿cómo no abres la cancela?
Jose Lun
24 nov 2009
Arena
Amanecer en una isla desierta, no hay más que ideas dormidas flotando en la cabeza, sin sentido y sin otro propósito que el de acabar desapareciendo con el paso del tic-tac.
Amanecer con un puñado de arena en las manos que se desliza entre los dedos, librándome de tu lastre inútil, desechando vanidades y dejándome la esencia.
Amanecer desnudo, encubierto y vacío de carencias. Todo lo que soy es cuanto tengo, todo cuanto tengo es lo que quiero y lo que quiero es lo que soy.
En estas manos ya no queda arena que arrojar al mar porque toda ella fue desechada, y ahora me alejo de la orilla en busca de una nueva claridad que guíe mis pasos en estos días gausianos.
Amanecer con un puñado de arena en las manos que se desliza entre los dedos, librándome de tu lastre inútil, desechando vanidades y dejándome la esencia.
Amanecer desnudo, encubierto y vacío de carencias. Todo lo que soy es cuanto tengo, todo cuanto tengo es lo que quiero y lo que quiero es lo que soy.
En estas manos ya no queda arena que arrojar al mar porque toda ella fue desechada, y ahora me alejo de la orilla en busca de una nueva claridad que guíe mis pasos en estos días gausianos.
¿Desorientación? Si, absoluta. Es el rechinar de mis dientes lo que me lleva a pensar en señales de humo, y a equivocar mis decisiones precipitadas.
¿Estamos solos? Si, completamente, no hay duda alguna, y si dudas es porque hace tiempo que tomamos sendas dispares y completamente incompatibles.
¿Podremos cambiar? No, inevitablemente no. Somos opuestos y ni siquiera el torbellino podría mantenernos unidos más de unos pocos segundos.
Entonces ¿qué nos quedará?
Arena, tan solo esta arena que se desliza entre los dedos...
Jose Lun.
21 nov 2009
MINERVA
Se me disparan los niveles de obscuridad en las retinas, luego de atravesar esta infame claridad blasfema impresa en tu figura colosal.
Y nos transfiguran estos ataques de canibalismo lascivo, violento, primario y retórico. Llegamos a cuerpo incandescente dentro de la más absoluta redención impuesta a nosotros mismos, simplemente por querer aprender a sentirnos un poco mejor.
Y estás, Minerva, clavando los ojos en territorio bélico desde el borde de la cama a la pared. Porque hoy nos miras, te pretendo un encargo: que secuestres al casposo y flácido Cupido.
Y te pido que lo tortures y envenenes con su propio desaliento, y le hundas una a una las puntas de sus flechas injuriosas en el centro de su pecho pueril.
Y te pido Minerva, que lo hagas lentamente, y que sienta en su propio ser el escándalo del desamor y del romanticismo encontrado. Que sufra la interminable sed de la oquedad, te pido Minerva.
Que desde aquí y asumiendo todas las consecuencias, le declares la guerra formal de nuestra parte a partir de este preciso momento y con vigencia indefinida.
Y que impongas la pena capital a los arqueros del amor. Que les cortes las alas, y los cuelgues frente al pueblo. Es hora de librar al purasangre de su carga inmerecida, y acabar de una vez por todas con lo que nos ha herido.
Cupido no es quien dice ser, si no la viva y mordaz imagen del desfalco, del fraude y la usurpación. Cupido toma el poder a golpe de estado y apostado en francotirador, escondido, cobarde y apocado. Es el peor de los terroristas, matando lentamente, embaucándonos de espejismos y falacias hasta hacer saltar el resorte que estalla en nuestras fauces.
Y te ruego Minerva, que restablezcas nuestro orden emocional, porque no estoy dispuesto a consentir una sola burla más de los mensajeros del desamor. De ellos no quiero saber más, y por eso te imploro Minerva, que despliegues tus tropas, que desempolves tu arsenal y que des caza a los vendedores de tragedias, para que nunca más se vuelvan a acercar a nosotros, y nos dejen estar, tan solo, en el lado pasional de nuestros cuerpos.
Y la emoción, arrojársela a Cerbero, y que quede allí, hasta que el olvido la devore.
Minerva, que por esto te imploro, que sabes te rindo pleitesía, y que cada día de esta cruda existencia, estaré en deuda con vos.
Jose Lun.
10 nov 2009
Insomne
La inestabilidad de mis constantes vitales se ve perturbada por la terrible realidad que suponen tus interminables abrazos finales.
Ahora pasan factura aquellas noches inmersos en amor desechable, higiénico y práctico, pero terriblemente vengativo, voraz y encarnizado. Son esos abrazos los que alertan al insomne que duerme, y los que han dejado huellas de profundidad insondable en estas líneas.
Esta es nuestra última vida, y el camino que dejo atrás no es sino el rumbo de unos pies, que te persiguen desde los comienzos, hasta este muro infranqueable, que ha de separarme de aquello que no hace mucho formaba parte de mis auroras boreales, y sin embargo, engulle en inmerecido ocaso fantasmal.
Al otro lado, mientras me desvanezco, las sábanas se deslizan y tus pulsiones me atormentan porque ya no son para mí, mientras intento alejarme como un animal herido que huye sin saber que no escapará al punto de mira.
Ahora sigo siendo insomne.
Pero lo que me impide dormir no son ya aquellos abrazos interminables, ni las pulsiones al compás. No son tus risas de poesía o las deidades de tus piernas, ni tampoco el aliento aquí conmigo, o tu olor encarcelado en mi cajón.
No, ahora lo que me hace imsomne, es la absoluta ausencia de todo esto.
Jose Lun
3 ago 2009
Delirios de pequeñez
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo puedo ser yo.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo tú siempre estás.
Los párpados son camaleones en cambio constante.
Los ojos imponen la verdad interior, en cambio constante.
Son los instantes en que te toco mis momentos perpetuos.
Es el soplo de aire al pasar mi enervante principal.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo puedo ser yo.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo tú siempre vas.
Son constantes los azotes del tiempo que nos amedrentan.
Son peligrosos los recuerdos de ti que se entrelazan en mí.
Los vaivenes del destino nos aproximan a lugares convergentes.
Es el culpable y responsable de nuestros desvaríos fatales.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo puedo ser yo.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo siempre me salvas.
Los estados físicos convulsionan siempre en la noche.
Los encuentros reales suelen provocarme esta histeria.
Son evidentes los restos de mí en cada parte de ti.
Es indiscutible la necesidad voraz de vernos llegar.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo puedo ser yo.
En mi mundo, en mi mundo, en mi mundo tú siempre serás.
Jose Lun
24 jul 2009
III. Las Consecuencias
Teníamos la mirada puesta en las agujas del reloj, esperando el momento perfecto en el que pudiésemos ir a la par. Pero entonces apartaste tus ojos del tiempo, y al quedar allí, sin aliados, fui devorado por los días.
Los domingos eran y siguen siendo fantasmas que por más que quiero evitar, no puedo apartar del heptágono semanal. Poseen la terrible capacidad de hacerme pensar hasta el desbordamiento emocional, hacia un punto final, sin comas, acentos ni pausas. Se precipitan en caída libre y emergen sentimientos encontrados provenientes de distintos niveles sensitivos.
Los sábados, cuando te toco: avalancha.
Sigo varios días bajo el alud, aunque de este siempre te llevas tú la peor parte, pero lo necesitas, lo pides, lo reclamas por derecho, te lo ganas y me vacías.
Estas son las consecuencias.
Después teníamos la mirada puesta en las agujas del reloj, esperando el momento perfecto en el que pudiésemos ir a la par, pero entonces te subiste la falda y te olvidaste las bragas, y al quedar allí varado, decidí arrojarlas por la ventana.
Los lunes son asistentes sociales de reinserción al mundo real. Son burocráticos, ortodoxos y aburridos, y sin embargo puedo dejar de pensar en nuestro reloj, en nuestro compás 123, 123, 123... y quedo en blanco y soy por ser tan solo unos instantes.
Los martes cuando recuerdo: violencia.
Sabes que somos simbiosis en estado puro, que somos un puzzle de dos piezas, que te doy proteínas y no te quejas aunque jamás te sacias, que te castigo y que quieres más. Y nos gusta ir al extremo y cuando no podemos tirar más, soltar, gritar y después: avalancha.
Estas son las consecuencias.
Vuelvo a recordar que teníamos la mirada puesta en las agujas del reloj, esperando el momento perfecto en el que pudiésemos ir a la par, entonces , me puse en pie, te tiré muy fuerte del pelo, te besé y me largué.
Los jueves son opiáceos, pasan sin más, me recupero y no me encuentro en forma nunca en esos momentos. Poco a poco vuelve el nerviosismo, empiezo a acordarme y a necesitar otra dosis de ti, te llamo por teléfono a tu casa y 3 horas después: avalancha.
Los viernes eres tú la que no puede salir fácilmente del alud y aún así, subes a la cima más alta y plantas tu bandera, que ondea más que nunca, que reluce como la primera vez, te veo feliz, eso me gusta, tus ojos me derrumban, tus palabras me arrasan, tus movimientos me devastan:
Y precisamente éstas son las consecuencias.
Jose Lun
21 jul 2009
II. Las Expectativas
Existen por todas partes, ellas son las que establecen los límites que nos separan.
Las expectativas son similares, pero las miramos desde ángulos distintos, o a través de prismas diferentes. Se contorsionan sobre sí mismas y parecen no encajar cuando en realidad se encuentran completamente unidas, en afinidad completa.
Y nos empeñamos en hacer todo más difícil de lo que ya es, nos empeñamos y aceleramos en el barro pensando que estamos avanzando, y lo que ocurre es que cada vez nos encontramos más hundidos. Pero no queremos verlo, o no sabemos, y entonces, aceleramos aún más. Nos empeñamos en negarnos.
Las expectativas son el horizonte: caminamos hacia ellas pero nunca las alcanzamos, y cuando atardece y queremos regresar, entonces es demasiado tarde y quedamos a merced de la oscuridad, el frío y el temor. Y esperamos un nuevo amanecer como aquel que vimos, pero entonces sabemos que eso no puede volver, entonces aprendemos que eso no puede ser.
Las expectativas son espejismos en desiertos de sal, nunca son lo que creemos y cuando llegamos allá donde deberían esperarnos, percibimos que no son reales, no son como esperábamos.
Precisamente porque no tuve expectativas contigo, sigo sintiéndote, me sigues salvando, me libras de los demonios. Porque no las tuve, te elevé a los pedestales, te vendí mi alma y hoy te sigo sintiendo.
Y no me importan las consecuencias, porque ni tú, ni cualquier otra persona, podrá cambiar esto.
Porque no podrán desvanecerlo
Porque no podrán corromperlo.
Porque nadie, nunca, podrá borrarte de mí.
Jose Lun
4 jul 2009
I. Los Demonios
Cuando avanza la negrura, cuando todo es sombra, cuando tiemblo.
Te esperé, no llegabas, llegué a ser paisaje y ahora la única certeza es la de que no me encontrarás allí, jamás.
Los demonios se deslizan reptantes a través del suelo de mi habitáculo, y cuando todos duermen, se lanzan al abordaje, mi cama se transforma en tempestad y yo en el polizón tratando de aferrarse al punto más alto del mástil principal, que pierde altura. Ellos entonan himnos mesiánicos conforme tambalean los pilares de mis pesadillas, conforme encajan hachazos certeros en los centros del miedo, conforme reman hacia el ministerio del dolor.
Los demonios son sonámbulos, los demonios me conocen, saben de mi talón de Aquiles, y debo decir que después de varios enfrentamientos he podido comprobar lo inmensamente expeditivos que pueden llegar a ser, minuciosos, implacables y pulcros en su cometido.
Los demonios temen la luz de mi musa, que siempre, en el último momento, desciende de los cielos expandiendo sus alas aladas y cubriendo con ellas el horizonte. Entonces se desvanecen, las sombras mueren ante su omnipotencia, y ella es mi única deidad, pero también mi única tortura, mi perdición y el anzuelo que siempre acabo mordiendo.
Cuando avanza la negrura, cuando todo es sombra, cuando tiemblo.
Te esperé, no llegabas, llegué a ser paisaje, y ahora la única certeza es la de que no me encontrarás allí, jamás.
Los demonios del recuerdo son cobardes. Cuando estoy solo aparecen y me coaccionan. Puedo sentir la hoja fría de sus cuchillas a milímetros de mi, y aún así, siempre descargo mi carcajada en sus fauces vacías, y entonces son ellos los que absorben el miedo, y huyen, y nunca vuelven: los mismos no.
En mis sueños, en mis momentos, cuando me encuentro cara a cara con mi musa, recargo el hipotálamo, limpio la mierda que esos hijos de puta han tratado de endosarme y vuelvo a despertar, con fuerza y determinación infinita: el ciclo de purificación ha terminado y puedo volver a los quehaceres diarios, puedo volver a abordar los proyectos más titánicos.
Los demonios volverán, pero tardarán, aún queda tiempo para librar la próxima batalla en la que gracias a mi musa volveré a salir victorioso.
Pero ella sólo está en mis sueños, cuando avanza la negrura, cuando todo es sombra, cuando tiemblo.
Te esperé, no llegabas, llegué a ser paisaje, y ahora la única certeza es la de que no me encontrarás allí, jamás.
Jose Lun
30 jun 2009
Flores Rojas
Caminas oscura, sincera e infinita sobre un suelo que bendices a cada paso.
Las flores rojas crecen después, florecen agónicamente con la única esperanza de llegar a tiempo para poder verte pasar.
Y yo me siento a contemplar, con inmerecida fortuna, el movimiento de tus labios cuando me lanzan palabras inmortales que retengo en mi memoria, para luego poder volver a sentirlas en la soledad de mis noches sin ti. Y quedan danzando por mi habitación, como si en ese momento fueran pronunciadas, y te siento ahí, a centímetros de mí, y no me queda más que sonreírte desde el recuerdo, desde la lejanía de nuestros días pasados, desde los destrozos frutos de la pasión desmedida, pura e irremplazable que noche tras noche se desataba al tocarnos.
Entonces entrecierro los ojos, se vuelven difusas las formas, y allá donde antes tan sólo había vacío, ahora te encuentras tú, mirándome de esa forma que sólo tú eres capaz, tocándome de tal modo que me conviertes en dios. Un dios creado por el recorrido de tus manos, esculpido por una mirada oscura, profunda e implacable.
Después llego a ser un dios corrupto desde el momento en que te arrojo a las sábanas, te ato y te muestro los senderos del exceso y la sobredosis carnal. Después, exhausto, me sumo en las tinieblas, mis alas se prenden incandescentes, y como Ícaro caigo sin ellas en el abismo, soy desterrado de tu paraíso y vuelvo a empezar desde el principio, una y otra vez, en una espiral sin fin.
Vuelvo a abrir los ojos, y me percato de que no estás, que todo es fruto de mi imaginación, que no vas a estar más aquí, o al menos no como antes, y me percato de que tu olor hace ya algún tiempo que abandonó este lugar, y que ya no encuentro salida a este laberinto, que soy el minotauro esperando a Teseo para darme muerte, que no te encuentro, que este correr tras lo imposible está a punto de hacerme desfallecer.
Caminas oscura, precisa, silenciosa.
Las flores rojas se queman porque no pueden concebirte.
A tu paso, dejas este rastro de cenizas del cual yo formo parte, y esperando ser un ave fénix, puedo ver como te alejas lentamente.
Y sé que nos volveremos a ver, y sé que tarde lo que tarde, cueste lo que me cueste, al final después de todo, volveré a encontrarte.
Jose Lun
2 jun 2009
Las Alternativas
Y no sabíamos qué nos deparaban los años venideros, ni siquiera sabíamos si podríamos estar en la misma línea, en el mismo momento preciso y afín para poder contar qué es lo que estaba pasando a medida que el tiempo iba transcurriendo silencioso entre los dos, sin otra forma de desvanecerse que la de crear confusión en nuestros sentidos, en nuestras decisiones, en las distintas alternativas que se presentaban frente a nosotros: distintas puertas cuyo umbral desconocíamos, y aún hoy desconocemos. ¿cual elegir, cual nos lleva a los anhelos perseguidos?, ¿cual a las pesadillas constantemente evadidas?
Pero quizá lo que más me paralizaba era el pensamiento redundante de que son las alternativas al fin y al cabo las que nos eligen a nosotros, porque cuando estábamos cara a cara no podíamos controlar nuestros impulsos, no podíamos elegir reprimirlos y por tanto, a efectos, para nosotros, no había alternativas: las demás puertas u opciones de elección desaparecían y la puerta del impulso, la visceral, monopolizaba las decisiones. Así nos pasó siempre, así ocurre hoy, y probablemente, así nos siga pasando.
Es posible que haya un momento, un punto de inflexión en el que todo cobre un nuevo rumbo, otro sentido algo más amplio quizá, no tan inconexo como lo es ahora. Y es posible que entonces y solo entonces, podamos mirarnos a las caras y elegir libremente una alternativa, voluntariamente, sin dictaduras hormonales, sin el yugo de lo correcto, sin el código del comportamiento ejemplar por bandera, sin las ataduras que hoy nos amarran, sin la venda que cubre nuestros ojos y nos impide ver el horizonte que probablemente, esté mucho más cerca de lo que ninguno de los dos pudo jamás imaginar.
Jose Lun
26 may 2009
Lenguaje corporal, tacto y contacto.
Son las pequeñas cosas, esas en las que pocos reparan, las que pocos tienen en cuenta, son esas las que encuentro más fundamentales, las que son más determinantes. Será por eso que siempre tengo la impresión de perderme en los detalles, en las minucias de un gesto, una mirada o en la fuerza con la que son proyectadas las palabras en cualquier tipo de intercambio verbal.
Los gestos, el lenguaje corporal y el tacto.
Son imperativos, la ventana a lo que está sucediendo dentro, un resquicio del subconsciente corregido por los factores culturales pertinentes en cada individuo. La pericia para lograr desencriptar este increíble e infravalorado lenguaje depende mucho de la afinidad, depende de la importancia que cada individuo le confiere, aunque es posible que la torpeza con la que nos movemos en este ámbito, sea superlativa.
Es curioso cómo las relaciones o momentos más intensos que llegamos a vivir, siempre se consuman a través del lenguaje corporal, y por supuesto el tacto y contacto. La única alternativa que tenemos para estar físicamente con otros, de forma no virtual, es el tacto. Tocar es interactuar, es vivir, tomar consciencia de la presencia física de nuestro entorno. La visión es totalmente virtual, no nos acerca al mundo, tan sólo nos lo representa, pero por lo demás, no nos garantiza la existencia de lo que nos rodea. El tacto sí.
Con esto no quiero decir que se sobrevalore el sentido de la vista, si no que se infravalora al tacto, y quizá no nos detengamos a reflexionar lo suficiente como para darnos cuenta de que sin él, nada tendría sentido, todo sería un absurdo absoluto.
De vuelta a los detalles.
Lo que puede parecer trivial, al final suele resultar que es precisamente lo que provoca los cambios de estado importantes o trascendentales en la vida de uno.
Puedo reconciliarme con un gesto adecuado, con un beso fugaz, o un leve contacto infinitesimal, pero pocas veces a través de palabras, o de pesadas conversaciones tediosas e interminables transformadas en debates, en una carrera de ratas hacia el precipicio.
Encuentro poco probable un cambio de actitud social con respecto al lenguaje corporal en una sociedad en la que somos bombardeados por estímulos visuales y sonoros. El tacto, el contacto, lo único que nos acerca, que nos libera de nuestro mundo interior, tristemente, queda y quedará siempre relegado a un erróneo y peligroso segundo plano. Deberíamos tocarnos más.
Jose Lun.
22 may 2009
Unión y miedo
Lo primero es la suma, la unión y tomar conciencia de que lo que nos une es precisamente lo que nos destruye. La infinita capacidad del ser humano para empeñarse en ser infeliz me abruma y me bloquea porque no entiendo este patrón de comportamiento que nos domina.
Vivimos subyugados por el libre albedrío de nuestras emociones. Ellas manejan los hilos a su antojo y no podemos más que resignarnos a su propia voluntad. Claro que la naturaleza es sabia, y nos hace creer que somos nosotros los que controlamos nuestros parámetros psíquicos.
Tú y yo nos encontramos en un punto de contacto en el que nos dimos cuenta que teníamos muchas zonas comunes pero también muchos sentimientos encontrados, enfrentados. Y después de un tiempo vuelvo a pensar en que la química ha muerto, al final siempre muere y sinceramente, no hago nunca nada por evitarlo porque en el fondo es una trivialidad. Nos empeñamos en juntarnos y en intentar conseguir un apego progresivo, creciente, y no nos paramos a pensar si es realmente lo correcto o lo que queremos, lo hacemos por inercia, por lapsus cultural y social aceptado e implantado en nosotros a modo de impronta.
Hemos aprendido que la felicidad se encuentra en la antesala de la propia felicidad y no en la misma. No se encuentra en el objetivo, sino en el camino que recorremos para llegar a él. Nuestro error ha sido pensar en que hay una meta, cuando realmente no tiene por qué existir. Nuestro error ha sido pensar en un desenlace de un signo u otro cuando realmente no tiene por qué haber tal desenlace. Nos empeñamos en ver la vida y las relaciones como si de una película se tratase, en la que tenga que haber un letrero que rece "The End" cuando no tiene por qué ser así. Nos empeñamos en secuenciar nuestros días, quedarnos pasmados mirando a ver si ocurre algo interesante y olvidamos de que hay que luchar por lo que realmente se quiere.
Lo segundo es el miedo.
Cometemos el error de huir de lo que nos provoca miedo, o aún peor, del miedo en sí. Es por eso que los miedos crecen en cascada. Tampoco se trata de enfrentarse al miedo sino a su origen. Somos capaces de negarnos con tal de no enfrentarnos, de no luchar y por tanto lo arrastramos y cada vez se hace más fuerte y nos roba más de nosotros. El miedo es un ladrón.
Tú y yo estamos en la habitación del pánico, y nos asustamos el uno del otro, sentimos una inevitable atracción separatista en convicción, pero no en origen. Entonces los dos corremos hacia la salida de emergencia a ver quien sale antes, y lo hacemos por puro y absurdo miedo infundado, inexistente. ¿qué es lo que nos asusta tanto?. No lo sabemos, y eso nos asusta aún más. La intensidad de este feedback es creciente e infinita. Tendríamos que poder pararlo.
Entonces ya sé qué cojones nos está pasando, y comprendo que aunque me pese, es así y probablemente siga siendo así, aunque no por mi parte: siempre sigo intentando seguir una línea evolutiva natural y si hay piedras preciosas en el camino que me deslumbren, tengo que pensar sosegadamente si esa piedra preciosa me es beneficiosa, si es lo que realmente quiero y si es lo que necesito. Y si intentan hacerte creer que no encontrarás una piedra preciosa mejor, que es tu única oportunidad de tener algo así en la vida y que jamás volverás a tener tanta suerte, entonces desconfía, no prestes atención, porque siempre hay algo mejor, más compatible y más positivo, siempre. Y desconfía porque son cantos de sirena, siempre cantos de sirena.
Jose Lun
Vivimos subyugados por el libre albedrío de nuestras emociones. Ellas manejan los hilos a su antojo y no podemos más que resignarnos a su propia voluntad. Claro que la naturaleza es sabia, y nos hace creer que somos nosotros los que controlamos nuestros parámetros psíquicos.
Tú y yo nos encontramos en un punto de contacto en el que nos dimos cuenta que teníamos muchas zonas comunes pero también muchos sentimientos encontrados, enfrentados. Y después de un tiempo vuelvo a pensar en que la química ha muerto, al final siempre muere y sinceramente, no hago nunca nada por evitarlo porque en el fondo es una trivialidad. Nos empeñamos en juntarnos y en intentar conseguir un apego progresivo, creciente, y no nos paramos a pensar si es realmente lo correcto o lo que queremos, lo hacemos por inercia, por lapsus cultural y social aceptado e implantado en nosotros a modo de impronta.
Hemos aprendido que la felicidad se encuentra en la antesala de la propia felicidad y no en la misma. No se encuentra en el objetivo, sino en el camino que recorremos para llegar a él. Nuestro error ha sido pensar en que hay una meta, cuando realmente no tiene por qué existir. Nuestro error ha sido pensar en un desenlace de un signo u otro cuando realmente no tiene por qué haber tal desenlace. Nos empeñamos en ver la vida y las relaciones como si de una película se tratase, en la que tenga que haber un letrero que rece "The End" cuando no tiene por qué ser así. Nos empeñamos en secuenciar nuestros días, quedarnos pasmados mirando a ver si ocurre algo interesante y olvidamos de que hay que luchar por lo que realmente se quiere.
Lo segundo es el miedo.
Cometemos el error de huir de lo que nos provoca miedo, o aún peor, del miedo en sí. Es por eso que los miedos crecen en cascada. Tampoco se trata de enfrentarse al miedo sino a su origen. Somos capaces de negarnos con tal de no enfrentarnos, de no luchar y por tanto lo arrastramos y cada vez se hace más fuerte y nos roba más de nosotros. El miedo es un ladrón.
Tú y yo estamos en la habitación del pánico, y nos asustamos el uno del otro, sentimos una inevitable atracción separatista en convicción, pero no en origen. Entonces los dos corremos hacia la salida de emergencia a ver quien sale antes, y lo hacemos por puro y absurdo miedo infundado, inexistente. ¿qué es lo que nos asusta tanto?. No lo sabemos, y eso nos asusta aún más. La intensidad de este feedback es creciente e infinita. Tendríamos que poder pararlo.
Entonces ya sé qué cojones nos está pasando, y comprendo que aunque me pese, es así y probablemente siga siendo así, aunque no por mi parte: siempre sigo intentando seguir una línea evolutiva natural y si hay piedras preciosas en el camino que me deslumbren, tengo que pensar sosegadamente si esa piedra preciosa me es beneficiosa, si es lo que realmente quiero y si es lo que necesito. Y si intentan hacerte creer que no encontrarás una piedra preciosa mejor, que es tu única oportunidad de tener algo así en la vida y que jamás volverás a tener tanta suerte, entonces desconfía, no prestes atención, porque siempre hay algo mejor, más compatible y más positivo, siempre. Y desconfía porque son cantos de sirena, siempre cantos de sirena.
Jose Lun
7 may 2009
Soledad compartida (contradicciones compartidas)
Y al tocar su piel, mis dedos decían adiós a las grietas de la soledad.
Soledad compartida.
Y al tocar la piel, se desvanecían las tristezas ancladas en lo más profundo, y por un momento podía ver la claridad creciente de un amanecer eternamente inminente, y sólo quedaban en mi dolor resquicios de pobreza emocional, de indigencia afectiva.
Ya no soy capaz de querer: la química ha muerto.
Poder y romanticismo enfrentado jamás capitularán, porque hoy siento que nada de esto lleva a ningún sitio, porque hoy siento que nada trasciende a nuestro cuerpo, porque poco a poco, segundo a segundo, gota a gota me queda menos de tí. Porque cada vez estamos más lejos, porque ya apenas distingo tu sonrisa en esta creciente oscuridad, porque empiezo a olvidar tus formas y yo comienzo mi suicidio emocional.
Podría olvidarte, pero sólo si dejase de recordarte. Y no es posible, ni factible, ni probable, ni real renunciar a aquello a cambio de esto, porque esto es humo y aquello fue puro fuego en combustión continua. Ahora sólo quedan cenizas de lo que fuimos, y palabras de lo que pudo ser, y sin embargo, no fue.
Ahora ya sólo me queda este sol abrasador para evitar que mi sangre se congele en tu definitiva ausencia. Y podrán morir los años, podrán morir las flores, y las oscuras golondrinas que aprendieron nuestros nombres, podrán morir nuestros cuerpos, podrá morir la vida, pero aquellos días, aquellas pasiones viscerales, aquel amor a quemarropa, aquel amor intempestivo, aquel, jamás morirá.
Y al tocar tu piel, mis dedos dijeron adiós a las grietas de aquella soledad.
Y al tocar tu piel, se desvanecían las tristezas ancladas en aquel amor intempestivo, aquel que jamás murió.
Jose Lun
Soledad compartida.
Y al tocar la piel, se desvanecían las tristezas ancladas en lo más profundo, y por un momento podía ver la claridad creciente de un amanecer eternamente inminente, y sólo quedaban en mi dolor resquicios de pobreza emocional, de indigencia afectiva.
Ya no soy capaz de querer: la química ha muerto.
Poder y romanticismo enfrentado jamás capitularán, porque hoy siento que nada de esto lleva a ningún sitio, porque hoy siento que nada trasciende a nuestro cuerpo, porque poco a poco, segundo a segundo, gota a gota me queda menos de tí. Porque cada vez estamos más lejos, porque ya apenas distingo tu sonrisa en esta creciente oscuridad, porque empiezo a olvidar tus formas y yo comienzo mi suicidio emocional.
Podría olvidarte, pero sólo si dejase de recordarte. Y no es posible, ni factible, ni probable, ni real renunciar a aquello a cambio de esto, porque esto es humo y aquello fue puro fuego en combustión continua. Ahora sólo quedan cenizas de lo que fuimos, y palabras de lo que pudo ser, y sin embargo, no fue.
Ahora ya sólo me queda este sol abrasador para evitar que mi sangre se congele en tu definitiva ausencia. Y podrán morir los años, podrán morir las flores, y las oscuras golondrinas que aprendieron nuestros nombres, podrán morir nuestros cuerpos, podrá morir la vida, pero aquellos días, aquellas pasiones viscerales, aquel amor a quemarropa, aquel amor intempestivo, aquel, jamás morirá.
Y al tocar tu piel, mis dedos dijeron adiós a las grietas de aquella soledad.
Y al tocar tu piel, se desvanecían las tristezas ancladas en aquel amor intempestivo, aquel que jamás murió.
Jose Lun
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